24 jul 2012

Diez minutos.
Miró el reloj y decidida apretó la tecla que enviaba el mensaje. Ya estaba cansada de ser la idiota detrás de él. Quizás algunas veces antes hubiera sido capaz de esperar hasta el amanecer una respuesta pero ya no más, solo esperaría diez minutos.
Ocho minutos, se acomodó impaciente en la silla con la esperanza de que algo llegue. Seis, ignoro todo hecho a su alrededor. Cuatro, de repente la esperanza comenzaba a desaparecer. Dos, nada.
Último minuto. Pasó lento, o quizás muy rápido, sabía que este era el final. El reloj dio la hora y se fijó si había algo, de hecho espero hasta que termine aquel minuto pero nada apareció. Había comprendido que con el solo hecho de buscar a alguien no era suficiente. Debía irse, ya.

23 jul 2012


Me siento una estúpida porque sé que no vas a leer esto,  y me siento una mierda por lo que estoy haciendo.  No sé si es verdad lo que dicen, si vos de verdad sentís esas cosas o solo son rumores, pero yo siempre pude jurar que me mirabas diferente.

No entiendo que es lo que estoy haciendo o a que estoy jugando, me metí en el agujero del no y ahora ya no puedo decir si. Siempre sos tan lindo, tan tierno, dulce, divertido y yo lo único que hago es tratarte mal. Me odio porque solo con la idea de pensar que te estoy lastimando, me hace odiarme,  porque por más que no parezca yo se que vos también sentís, y las cosas te duelen tanto como a los demás.  Y cada vez que te digo algo mal, después no intento  retractarlo porque sé que siempre volves, pero uno aprende de sus propios errores  y así fue como ayer te colme y por tratarte para la mierda me dejaste de hablar y no volviste y te negaste a verme.

Ahora veinte horas después me arrepiento de lo que te dije, pero como tengo un orgullo tan grande no pienso mover ni la mano para hablarte,  prefería que te enojes antes que tener que reaccionar yo, y me odio mucho por tener que pensar así.

Debes estar harto de que me cierre sola, y que nunca admita si me pasa algo o no, y de no poder leer lo que pienso ni siquiera un poco. Es gracioso como yo te digo cosas que no te mereces y cuando vos me decís una sola de veinte yo reacciono re mal y vos venís a pedirme perdón, como la cantidad de veces que viniste a abrazarme y yo te saque y en vez de insultarme como haría otro, lo único que hacías era volver más tarde para otro abrazo. 

Y  ahí estas otra vez, nada más que esta vez no intentaste hablarme como siempre, porque te diste cuenta de las pelotudeces que hago,  y seguramente sientas que me importas una mierda cuando en realidad es todo lo contario porque me fijo absolutamente todo, cuando sonreís, cuando no, cuando estas callado, cuando estás dormido o cortado. Me gusta escuchar cuando estás mal y más me gusta que  tengas la confianza para contarlo. Amo cuando intentas que me sienta celosa, en vano o no, pero de alguna manera siempre termino así cuando se que nada más me lo estás diciendo para que me fastidie o muestre alguna reacción de algo, pero me trago todo y te digo “Sisi.”

También es irónico cuando me agarran los celos por algo que provocas queriendo o sin querer, y cuando venís yo reacciono mal y te saco. Quizás si supieras las miles de veces que mi humor está mal por eso y no porque tengo ganas de agarrármela con vos todo sería diferente.
Solo espero que me hables otra vez, porque descubrí que cuando no hablo con vos mi día está vacío, y esta vez enserio voy a intentar no decir ninguna pelotudez, y si es tarde, si ya no me hablas como pasó la ultima vez, voy a quedarme callada, tragarme todo el dolor y irme a dormir pensando que soy una pelotuda por lo que deje pasar